lunes, 6 de marzo de 2017

El puñetero sesgo de las clasificaciones

Otro post más sobre el dichoso autobús.

Nuestra mente funciona como funciona. Generalizamos y clasificamos, no lo podemos remediar. ¡Y es una gran suerte! Estas capacidades mentales, junto con otras, nos hizo más "inteligentes", en definitiva ¡Nos hizo más humanos (esta vez sin comillas), con nuestras virtudes y nuestras miserias!

Pero esas generalizaciones y clasificaciones, que sin duda nos ofreció ventajas frente a otras especies, también nos genera problemas. Yo no los llamaría errores, porque no es que falle, es que en su funcionamiento "normal" ineludiblemente en más de una ocasión se equivoca ¡es lo que llamamos SESGOS COGNITIVOS!

Opino, y desde hace años defiendo (si queréis podéis ver mi charla "Acabar con las creencias pseudocientíficas en tres cómodos pasos "), que para que alguien cambie su forma de pensar o para que alguien asimile correctamente unos contenidos, debe de ser consciente de que su mente le puede engañar, que le puede hacer creer cosas que no son. Muchos timadores, pero también muchos que de buena fe difunden sus creencias, preparan sus mensajes, consciente o inconscientemente, para colarse por esa zona. Algunas de las falacias más comunes "usan" esta estrategia.

Y... ¿cuál es el sesgo de la clasificación?

Seguro que tiene otro nombre, pero su nombre no es lo importante. Lo importante es que sepamos que nuestra mente, de manera natural, tiende a mezclar criterios de clasificación, llegando a generalizaciones en las que se pierde el sentido original de ciertos calificativos.
Esto, desde mi punto de vista, es importante decirlo hasta cuando se explica Ciencia, tal y como expliqué en "Sobre clasificaciones ".

A lo que íbamos. El dichoso autobús de la identidad sexual.

Hace unos tres o cuatro años les dieron a mis alumnos una serie de charlas sobre sexualidad. Eran muy buenas y una sesión incluía distintos parámetros relacionados con la identidad sexual. Clasificaban atendiendo a cuatro criterios (aunque obviamente podrían ponerse más), haciendo hincapié en que cada persona tenía un calificativo en cada criterio y que unos y otros no estaban correlacionados.
Como podéis imaginar, ¡me pareció una genialidad!
Los cuatro criterios venían a decir (no eran exactamente estos pero estoy tirando de memoria, de todas formas mas abajo pongo un enlace que lo explica mucho mejor) que una persona se podía clasificar:
- En base al órgano sexual que tenía.
- En base al sexo que sentía que tenía.
- En base al sexo con el que quería compartir/imaginar placer sexual.
- En base a como le gustaba mostrarse  (vestirse/aparentar/comportarse...)

Un año después, leí en verano un artículo que me enseñó que una mujer podía ser XY (https://www.google.es/amp/elpais.com/elpais/2015/07/28/ciencia/1438077150_606978.amp.html ) y yo aluciné. No lo sabía, aunque tampoco me extrañó lo que leí. Ahora, cuando sale el tema añado otro criterio de clasificación:
- En base a su dotación cromosómica.

Y ¿por qué hoy me he acordado de todo esto? Porque he leído un maravilloso post de José Ramón Alonso y todo esto me ha venido a mi cabeza.
Sin más dilación, el enlace prometido: "El mundo está lleno de pervertidos " de @jralonso3. No dejéis de leerlo.

Resumiendo.

¡Qué no os engañe la gente y/o qué no os engañen vuestros sesgos!
Las personas son mucho más complejas de lo que nuestra mente está dispuesta a asumir (también mucho más complejas de lo que la Ciencia pueda llegar a definir), así que menos generalizar y más respetar.

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