jueves, 27 de abril de 2017

Kareishu, el "concepto científico" que me ayuda a transmitir el respeto a los mayores.

 
Hace tiempo que tenía pensado escribir cómo explico muchas cosas asociadas al concepto "personas mayores" (pero mayores, mayores... viejos los llaman algunos) a los adolescentes de mis clases; por determinadas razones personales ha llegado el momento. Desde hace años lo introduzco cuando explico la función de relación (en concreto cuando hablo de los órganos de los sentidos).
 
¿Por qué es tan importante hablar sobre las personas mayores en una clase de Ciencias? Eso es otro tema, en este post no lo voy a explicar; espero que vosotros mismos lo entendáis después de leerlo. Además, desde mi punto de vista, programas como #L6Noctogesabios, debates como él que se montó en twitter sobre alimentación en personas mayores, tweets recordando que nuestros mayores jamás hubieran dejado de vacunarnos (leed hilo y respuestas, por @DaniEPAP), divulgadores hablando del alzhéimer (leed hilo y respuestas, por @Ununcuadio)... justifican sobradamente este post. Empecemos.
 
 
Tengo la impresión de que los adolescentes no entienden a las personas mayores. Para ser sincero, yo tampoco las entendía a su edad. Sin embargo, cada vez soy más viejo... ¡cada vez las entiendo más!
 
También tengo la impresión de que no los valoran lo suficiente, yo tampoco lo hacía a su edad. Por suerte, creo que hace tiempo empecé a valorarlos, aunque seguro que empecé demasiado tarde porque ¡un solo día de retraso, ya es demasiado tarde!
 
Seamos claros. La muerte le llega a todo el mundo, y esto es una realidad muy dura a la que nos enfrentamos cuando nuestros seres queridos mueren. La muerte, si llega sin avisar, nos enfrenta a una desolación total. En cambio, si llega tras un lento declive, puede o no ser traumática. Opino que, una de las variables que marcarán cómo nos enfrentamos a ese momento, será sí has o no saldado unas hipotéticas "cuentas" que nos autoimponemos y que ni mucho menos son iguales para unos u otros (en cosas como esta, solo los más "nazis" se atreven a decir lo que la gente debe sentir).
Lo que es indudable, es que es una gran suerte NO sentir que tienes grandes deudas pendientes cuando a tus mayores les llega el momento de partir. Como profesor deseo que mis alumnos no tengan deudas pendientes si, por desgracia, tienen que vivir ese momento (algo que suele suceder con más frecuencia de la que os podéis imaginar, pensad que tenemos de media unos 250 alumnos al año). Por estas razones, les explico "cosas" que pueden acelerar el reconocimiento que, sin duda, merecen sus mayores: ¡intento que los miren con los mejores ojos posibles!
 
Esta intención siempre la he tenido presente, pero desde hace unos años, a consecuencia de una "fea" pregunta que me hicieron en clase, la tengo "insertada" en el currículo (aunque eso no quita para que la trate cada vez que surja la oportunidad). Cuando el alumno preguntó, no lo hizo con afán de humillar, no había maldad en su pregunta; posiblemente no se había atrevido a verbalizarla nunca, probablemente le reconcomía por dentro. A veces los alumnos son unos bestias hablando, tened en cuenta que no todas las familias tienen las mismas formas y costumbres; creedme si os digo que alguno de vosotros os echaríais las manos a la cabeza si oyerais cosas de las que dicen... ¡yo no lo hago! Considero que es una gran suerte que los alumnos me hagan preguntas, aunque sean incorrectas, así tengo la oportunidad de contestarles y de intentar reconducirlas a un lenguaje más adecuado.
 
Me despisto. Continúo. Estaba yo dando clase, estaba yo explicando cosillas sobre la higiene, cuando un alumno me preguntó: ¿por qué los viejos echan esa peste? Para mi sorpresa, aunque la mayoría de los alumnos le dijeron ¡pero qué salvaje eres! muchos tenían la misma duda y querían conocer la respuesta. Se abrió un pequeño debate entre ellos y se añadieron dos o tres preguntas, todas ellas variantes de la misma cuestión.
Los dejé divagar un poco y después comencé a explicar. Lo primero que hice fue decirle que esa no era forma de preguntar, que debía cuidar el lenguaje si no quería tener más de un problema. Después, como ya había explicado los órganos de los sentidos, les recordé cosas que les había explicado y empecé a ampliar la información. Lo primero es conocer los hechos y luego contestarles las preguntas.
 
El caso es que yo ya me había hecho esa misma pregunta. Había observado que no era solo una cuestión de “malos hábitos”, porque había visto como algunas personas que no habían tenido ese problema en otra etapa de su vida, con la edad, sí que lo tenían. Dándole vueltas había llegado a la conclusión de que lo realmente problemático era que perdían sensibilidad en sus órganos sensitivos. Obviamente, una persona que no ve bien, que su piel es menos sensible al tacto y que no percibe los olores tan bien como antes, tiene muchas papeletas para no asearse adecuadamente, ¡no porque no quiere, sino porque no puede!
 
Creo que lo comprendieron porque, verles la cara cuando comprenden que han juzgado erróneamente una situación, es algo sorprendente (sobre todo si sus anteriores pensamientos les habían impedido disfrutar plenamente de la compañía de, por ejemplo, sus abuelos). Añadí que seguramente olerían distinto a nosotros, porque su piel tendría una química diferente, pero que yo en el fondo creía que la razón fundamental era la higiene defectuosa por la pérdida de facultades.
 
Este post quedaría cojo sin comprobar, por encima, si mis hipótesis son más o menos correctas. Por ello he hecho una consulta rápida por internet y he hablado con algunos profesores amigos por las redes sociales.
En primer lugar he buscado como degeneran los órganos de los sentidos con la edad, encontré la web MedlinePlus, dependiente de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU. En dicha web estaba el artículo “Cambios en los sentidos con la edad” (https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/004013.htm) donde pude leer que con la edad, el ojo pierde capacidad para enfocar, le puede salir cataratas, degenera la macula, en algunas ocasiones se desprende la retina... el olfato pierde terminaciones nerviosas y también cantidad de moco (también leí algo que no sabía, que los mocos nos ayuda a oler porque retiene los olores en la nariz)... y el tacto se ve disminuido porque las terminaciones nerviosas “se riegan” con mayor dificultad debido a que disminuye el flujo sanguíneo...
En segundo lugar he buscado como cambia el olor corporal con la edad. He encontrado un artículo en ABC.es (http://www.abc.es/20120531/ciencia/abci-mayores-olor-corporal-201205302147.html) que hablaba de un estudio publicado en PloS ONE, dicho estudio llegaba a la conclusión de que las personas mayores huelen menos y de manera menos desagradable que otros grupos de personas. En él se habla mucho de la química de la piel, pero lo interesante desde el punto de vista de este post es que “ese olor de los viejos”, que tiene hasta nombre en Japón (“kareishu”), no es sentido como desagradable.
Y en tercer lugar pregunté a unos compañeros (@estapillao, @margaritatm, @juanamariabio y @Mellitoral) que opinaban sobre el asunto. Agradezco las respuestas que me dieron.
 
Resumiendo. Desde aquel año:
1) Cuando explico los órganos de los sentidos introduzco su degeneración con la edad.
2) Fuerzo, si los alumnos están receptivos, que salga el tema del olor corporal de los mayores; les remito a aquella pregunta que me hicieron.
3) Intento generar comprensión hacia ellos y les indico que en muchas ocasiones ni siquiera ellos son conscientes de su higiene defectuosa.
4) Les explico cómo, sutilmente, podrían explicarles que deben de extremar la higiene (corporal, alimentaria y en el hogar). Les indico que deberían de "inducirles" a que sean conscientes de que podrían haber perdido facultades para realizarlas efectivamente.
En una palabra, intento generar EMPATIA hacia ellos.
 
Nota: el olor sale en otras muchas ocasiones en las clases de Ciencia: los distintos olores de las personas según sus tipos de piel, los olores "desbordados" de los adolescentes... Normalmente, para cada una de esas ocasiones, tengo "automatizadas" una serie de explicaciones que intentan generar empatía en vez de enfrentamientos. Obviamente, a veces el olor es debido a una falta de higiene consciente y evitable, en esas ocasiones lo que busco es un mensaje efectivo, sin humillaciones pero sin "tolerancia".
 
Ya me he despistado otra vez. Volvemos a lo nuestro. Volvemos con nuestros queridos mayores.
Cuando les explico todo esto, siempre añado algo más. Les cuento que sus mayores sin duda desaparecerán antes de lo que piensan y que, aunque ahora no les interesaran las "batallitas" que les cuentan, algún día desearán escucharlas y ellos ya no estarán aquí para contarlas. Les indico que quizás sería buen momento para empezar a atenderles un poco más.
 
Terminando: ¡Esta entrada es un homenaje a mis padres!
Ellos no vivieron lo suficiente para ser considerados realmente mayores, no llegaron a ser octogenarios. Sus órganos sensitivos no perdieron eficacia hasta los niveles que he explicado, pero sí tuvieron otros problemas asociados a muchísimos años de una dieta poco acertada (mucha azúcar, mucha sal...). Por ello es obvio que la alimentación de nuestros mayores también me interesa y, por si alguien quiere conocer mi punto de vista, aquí lo tiene resumido en tres tweets:

Mis padres han muerto y por desgracia mi ritmo de vida me impidió escuchar muchas de sus "batallitas" y, aunque desde hace años, cuando podía, las escuchaba con atención, no tuve la precaución de escribirlas. Ahora creo que se han perdido en mi memoria, ¡creo que mis hijos las han perdido para siempre!
Por suerte disfruté de ellos. Disfruté cuando vivían. Seguro que podría haber disfrutado mucho más, pero la vida es como es y no le doy vueltas a esos asuntos.

Y quiero añadir algo más. Unos momentos tristes y bonitos a la vez fueron los velatorios. En ellos escuché frases de conocidos y desconocidos que me reconfortaron y que me hicieron pensar: ¡ojalá algún día alguien les diga algo parecido a mis hijos! De mi padre dijeron que fue una persona decente que luchó por sacar a su gente adelante y de mi madre que era una gran amiga, que nunca se quejó de nada y que siempre tenía una sonrisa para todo el mundo. No se me ocurre nada más bonito que se pueda decir sobre unas personas; agradezco todos aquellos comentarios mucho más de lo que nadie se pueda imaginar.
 
Gracias mama y papa por darme unos valores y por ayudarme económicamente a tener estudios. Gracias por cuidarme y por el cariño que me disteis.
¡Gracias por el tiempo que me habéis dedicado!

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